Puñales que no saben lo que son

A veces, el mayor daño de una palabra reside en que esté dicha con buena intención. Ese puñal de seda que corta y presiona sin posibilidad de réplica audaz por su escudo de bondad. El corte puede ser buscado, esperando una cura a largo plazo de un mal mayor. Pero también un tiro errado, sin conciencia de su daño, del dolor que provoca, dejando sin respuesta ni defensa al corazón herido que atraviesa. La lágrima solitaria toma la iniciativa, un último soldado valiente que asoma en la batalla perdida de antemano, para hacer ver al contrincante una mínima parte del daño ocasionado, un símbolo, Leónidas protegiendo la retirada. Pero ya es tarde, un trago amargo para quien habla, un dolor sordo para el herido, y una sombra sobre ambos.

Anuncios

Escribe tu opinión, no hace falta registrarse ;) Si estás en contra, mejor

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s